Pop Up suena divertido. Y lo que significa también lo es. Algo que hace pop, es algo que mola. Y si además sube, pues mejor aún.
Como una burbuja, es algo que surge de manera efímera y desaparece . SI lo aplicamos a una tienda, tenemos un pop up shop -como norma de estilo, he decidido dar a los extranjerismos carta de nacionalidad, y no entrecomillar sistemáticamente cada vez que se utilizan, pues las comillas, que como muchos ya sabéis son el emblema de mi marca, tienen para mí mucho valor.

Estos días he puesto en marcha mi primer pop up store, y está siendo un éxito. Un éxito por el local que hemos conseguido y un éxito por el tipo de público que está accediendo a él. El local, un impresionante espacio en pleno corazón de la “milla de oro”, Claudio Coello con Jorge Juan. Es una fórmula que nos permite concentrar en una semana las visitas de clientes, compradores y periodistas a los que citamos. Pero lo más interesante está siendo comprobar la afluencia de público que no nos conocía, y el interés que está despertando. Como muestra un botón: una de las más interesantes reseñas aparecidas en prensa, ha sido la de un periodista que lo ha conocido de casualidad, caminando por la calle.
Esta ha sido la gran sorpresa, lo cual me está haciendo cambiar el sentido de éste blog: tenía pensado hablar de la fórmula pop up como una respuesta a la apatía del consumo (apatía o estrangulamiento, según se quiera mirar); hablar de la muerte de la tienda convencional, que ofrece un mismo producto durante varios meses, a diferentes precios según las promociones o rebajas que se aplican (lo cual creo que causa desconcierto si no desconfianza respecto al valor real); de la economización del consumo, que nos lleva a realizar compras “a tiro hecho” en lugar de hacer shopping; y de muchos otros factores que hacen que tenga más sentido hacer una venta diseñada en un espacio local y temporalmente limitados, de manera que las personas interesadas vayan se dirijan directamente a lo que buscan.
Sin embargo, y sin dejar de ser cierto todo lo dicho, ésta experiencia me hace reflexionar sobre si esa apatía del consumo no estará en gran parte motivada por la uniformidad de una oferta limitada alas grandes multinacionales que pueden permitirse invertir en unos locales ya de por sí sobrepreciados. Y que consigue que el paisaje que se perfila en cualquier calle comercial de cualquier ciudad del mundo sea aburridamente parecido. Quizás el atractivo del pop up sea dejar un espacio a la originalidad, salvando así a las calles de perecer sepultadas bajo la losa de la monotonía.