Moisés Naím escribe hoy en el país sobre le perversidad de la ecuación “políticas locales, economías globales” y da en lo que considero la clave del drama que nos toca y nos tocará vivir en esta parte del mundo que consideramos desarrollado, que adapto al siguiente silogismo: los capitales son globales, pero las poblaciones, locales. Como las políticas dependen de las poblaciones que votan, son también locales.
En la medida en que la política depende del capital, existe una inconguencia de base cuya primera consecuencia – que es la que me mantenía preocupado- es que la clase media, motor de nuestra economía, tenderá a ir creciendo en las economías emergentes, donde invierte el capital con menores costes, y disminuyendo en las economías desarroladas, donde no sólo la explotación de los recursos y las producciones, sino también los servicios, dejan de ser competitivos.
Vamos a repasar los elementos de la ecuación perversa (perversa, en cuanto que lleva el mal dentro de sí, en su propio planteamiento):
Poblaciones locales
Políticas votadas por las poblaciones locales
Vinculación de la política a la población
Capitales globales
Dependencia de la política respecto a los capitales
Y vamos a ver qué se puede hacer:
Poblaciones locales. Los humanos nos sedentarizamos hace mucho tiempo, y sólo por necesidad absoluta se producen movimientos migratorios en masa. La tasa de migración de la población mundial es de tan sólo el 3%.
Políticas votadas por las poblaciones locales. ¿Sería replanteable un esquema político en el cual se considerara un porcentaje del voto de todas la poblaciones que se ven afectadas por la política resultante de la elección?. Recuerdo que en alguna de las elecciones a la presidencia de los EE.UU en la era Bush era un comentario recurrente a nivel de calle en Europa, dada la posible repercusión en la paz y el orden mundiales. Pero, claro, como nos suele suceder, sin considerar que también tendría que contar el voto de los no europeos…
Vinculación de la política a la población local. Mediante la fórmula anterior, ésta se atenuaría: igual que el bien común exige a veces una limitación de intereses individuales, el bien de la humanidad puede exigir en ocasiones una merma de los inteses de una población local.
Capitales globales. Debería establecerse algún tipo de vínculo de los capitales a las poblaciones locales de las cuales se benefician para emerger y desarrollarse. No puede dejarse ésto sólo pen manos de las ONG, que se convierten así en velados reconocimientos de culpa.
Dependencia de la política respecto a los capitales. ¿Alguna idea al respecto?